¿Qué es la terapia?

¿Qué es una terapia?

Nuestra compañera y colaboradora la psicóloga Carmen Fernández Pelaez comparte un resumen y viaje por los marcos teóricos terapéuticos de una forma sencilla y directa para poder explicar qué es un proceso terapéutico y cómo se puede abordar desde las diferentes corrientes de la Psicología ¡Vamos allá!


La terapia es una relación dinámica y espontánea entre el terapeuta y el cliente. Esta relación está en continua evolución que hará que por sí sola se convierta en un agente de cambio. El fin de la terapia es conseguir un equilibrio entre lo que se siente, lo que se piensa y lo que se hace, así como intentar cubrir por completo las demandas del paciente, siempre y cuando, actúen en su beneficio.


¿Cómo entender la terapia?


La mayoría de las personas que acuden a terapia suele ser debido a una sintomatología concreta. Muchas veces, dichos problemas vienen dados por dificultades relacionales, que en algún momento del proceso se verán manifestados en el aquí y en el ahora del encuentro terapéutico. A través de comprender el pasado del paciente, podremos entender la relación terapéutica que existe actualmente. Esto hará que los pacientes se sientan vistos y comprendidos en su totalidad.


Cómo la enterpretan las distintas corrientes de psicología o marcos teóricos.
Existen distintas corrientes psicológicas que explican de diferente manera cómo se le puede ayudar al ser humano a través de la terapia.
Dentro de las terapias modernas, la primera que se encuentra sería el psicoanálisis. En este marco teórico se entiende que la persona viene a consulta porque existirían experiencias vitales de la infancia que no han sido procesadas de manera adecuada y se quedan almacenadas y escondidas en una estructura denominada inconsciente. Los síntomas y el malestar se generan cuando estos recuerdos intentan salir a la conciencia, pudiendo incluso dificultar el desarrollo personal. El trabajo del terapeuta sería identificar esas experiencias reprimidas y procesarlas de nuevo de una manera aceptable para el paciente.
El existencialismo y el humanismo son dos corrientes que contemplan la terapia de una manera muy parecida. Consideran que la meta de todo ser humano es conseguir aquello que les acerque a la felicidad. Es por ello, que durante el proceso se intenta definir cómo quiere ser la persona, dónde está ahora y a dónde quiere llegar y qué se puede hacer para llegar hasta ello.
La Gestalt considera que la manera que se tiene de vivir algo se ve muy influenciada por las circunstancias que le rodean. Es por esto que le dan especial importancia al vivir el aquí y el ahora y el proceso terapéutico consiste en tomar conciencia de ello para enfocar la solución de los problemas.
La terapia sistémica hace especial hincapié en las familias. Considera a éstas como sistemas donde las acciones de unos afectan a los demás, siendo la enfermedad del paciente la expresión de un problema familiar. El trabajo que se realiza es con las relaciones familiares, modificándolas.
El conductismo es una corriente psicológica que le da toda la importancia a la conducta. Ésta depende de sus antecedentes y de los consecuentes. De esta manera, si se quiere cambiar la conducta habría que cambiar lo que sucede antes que cambiará el después.
El cognitivismo, al contario del conductismo, le da todo el protagonismo a la mente. Una situación se interpreta según los filtros que tenga la persona y se extrae a través de ellos una conclusión. Una rama dentro del cognitivismo considera que la realidad objetiva no existe y que cada persona construye la suya propia. Durante la terapia se analizan los esquemas de la persona que hace procesar la realidad de una manera que les hace daño y se cambian por unos más adaptativos.
Estas dos corrientes se han fusionado creado el modelo cognitivo- conductual, que es el más aplicado en la actualidad. Se combinan de modo que la conducta y el pensamiento sean una manera de alcanzar el bienestar y los objetivos que se propone el paciente.
Por último, nos podemos encontrar las terapias de tercera generación. Este modelo defiende la necesidad del cambio del lenguaje con el que se habla el propio paciente y el dejar de luchar contra las experiencias negativas y aceptarlas tal cual nos vienen, asumiendo que durante el trascurso de la vida vamos a vivir cosas mejores y peores.


Qué tipos de procesos terapéuticos hay.


A la hora de realizar terapia nos podemos encontrar con dos tipos de procesos:
Uno más corto que implica una demanda concreta que impide al individuo realizar sus actividades de la vida diaria con normalidad, como puede ser una fobia muy específica. Ejemplo, miedo a volar. Este proceso será de una duración corta.
Un proceso más largo, que suelen ser demandas más abiertas y que suelen implicar la forma de ser del individuo y su forma de relacionarse con los demás. El trabajo que se realiza es más nuclear, buscando un crecimiento personal del paciente a través de un trabajo con su carácter. De esta forma se logrará cambios que nos permitirán relacionarnos con el mundo y con nosotros de una manera más sana y menos dañina.


Qué esperar y qué no esperar de una terapia.


Durante la terapia se busca ofrecer un espacio seguro y de contención al paciente que le sirva para abrirse y pueda producirse un crecimiento personal, así como un fortalecimiento emocional.
Lo que podemos y debemos esperar es que se produzcan cambios en nosotros. Esto es debido a que a lo largo del proceso se va a aprender a ver la vida desde una perspectiva diferente, que implicará tomar decisiones distintas.
El espacio que nos podemos esperar es uno libre de juicios, donde podamos ser nosotros mismos y poder tener la confianza de contar cualquier cosa sabiendo que vamos a ser aceptados y en donde nuestras experiencias van a ser validadas.
Qué responsabilidades tiene el terapeuta y el paciente.

  • Sujeto: El trabajo del paciente durante la terapia es una implicación total y activa en ella. Para ello, es necesario una confianza plena, tanto en el proceso como en el terapeuta, ya que no se podrá ayudar en su totalidad al menos que haya una revelación completa de los temas que se quieren tratar. La paciencia, ya que hay veces que es un proceso largo, también es muy importante.
  • El terapeuta es responsable del proceso terapéutico. De llevar a cabo el código deontológico, formarse, de no saltarse el secreto profesional y de supervisar. También es necesario que sepa cuándo derivar, haber realizado su propio proceso para conocerse a sí mismo y ser transparente (informarles sobre la terapia, darles explicaciones sobre el proceso así como explicarles qué pueden hacer para sacarle el mayor beneficio posible). Deberá realizar una escucha activa de modo que el paciente se sienta acogido, comprendido y aceptado. Así como será su misión crear un lugar seguro donde la persona se sienta capaz de hablar sin sentirse juzgado.

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